HACIA UNA ESTRATEGIA DE CERO DEFORESTACIÓN

Para despulpar un quintal de café de forma tradicional, un productor necesita cerca de 500 litros de agua. En muchas comunidades rurales, este proceso compite directamente con el acceso al agua para consumo humano. Además, las llamadas aguas mieles generadas en el despulpado contienen sustancias que pueden afectar la vida vegetal y animal de riachuelos y ríos.

Frente a este panorama, productores hondureños comienzan a reemplazar las despulpadoras convencionales por tecnologías ecológicas, que utilizan menos agua y evitan la contaminación de las fuentes hídricas. Aunque su costo inicial es mayor, a mediano plazo reducen el gasto de agua, energía y mano de obra.

En el sector agrícola, los sistemas de riego solar se perfilan como una alternativa viable para la pequeña agricultura. Hace una década eran inaccesibles por sus altos precios, pero hoy su costo ha disminuido y su capacidad de cobertura aumentó, permitiendo su uso en cultivos de hortalizas, frutales, cacao, café y ganadería sostenible.

El uso de energías alternativas también se expande en el campo: paneles solares para sistemas de calefacción, cámaras de seguridad, y oxigenación en granjas avícolas, ganaderas y acuícolas. A ello se suman las prácticas de fertilización orgánica, aprovechando residuos como casulla de arroz, bagazo de caña, pulpa de café y gallinaza, con lo que se elaboran abonos ricos en nutrientes y pesticidas naturales, reduciendo el impacto ambiental.

Estas tres innovaciones representan solo una parte de las llamadas tecnologías climáticamente inteligentes, que deben ser promovidas con asistencia técnica y financiera, especialmente en zonas rurales donde la banca tradicional no tiene presencia.

Padre Ferdinando de Fundación Alivio al Sufrimiento y David Erazo Gerente de Funder en reunión de trabajo.

En Honduras, el acceso al financiamiento sigue siendo un desafío para más de 100 mil familias cafetaleras. Las cooperativas, microfinancieras y Cajas Rurales cumplen un papel clave, aunque sus recursos son limitados. Por ello, la cooperación internacional y las instituciones nacionales trabajan en proyectos que acerquen créditos y apoyo técnico a los productores.

Experiencias como las desarrolladas en Dulce Nombre de Culmí (Olancho) y en El Paraíso, con fondos de la Unión Europea y el acompañamiento de instituciones como el Instituto de Conservación Forestal (ICF), la Fundación para el Desarrollo Empresarial Rural FUNDER, El Zamorano y Swisscontact, demuestran que la innovación tecnológica puede transformar las cadenas productivas rurales.

Actualmente, el proyecto Paraíso Verde, financiado por Ayuda Irlandesa y ejecutado por FUNDER, impulsa tecnologías sostenibles para mil familias en cinco municipios de El Paraíso. La iniciativa incluye un fondo de apoyo a terceros que promueve la resiliencia climática y la gobernanza hídrica local.

Sin embargo, estas experiencias deben ampliarse y replicarse. Es necesario que los bancos de desarrollo internacionales flexibilicen sus normas y extiendan su apoyo a las cooperativas y microfinancieras locales que ya operan en el sector agrícola. Para FUNDER, un crédito verde no solo significa construir una represa o un parque eólico, sino también financiar tecnologías que reduzcan la deforestación, optimicen las parcelas productivas y fomenten el uso de energía limpia.

La información fue obtenida a partir de la experiencia que impulsa el Centro de Gestión Agroforestal y Energía de Funder, mediante una entrevista con su gerente David Erazo. Invertir en el campo sostenible es invertir en el futuro verde de Honduras.

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